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Un homenaje a mis compañeros

SAS ha presentado como caso de éxito Groupama España. Desde aquí quiero rendir homenaje a mis compañeros que se lo merecen. El éxito no lo han tenido gracias a SAS si no gracias a la gestión de Julián Herrera que fue el que apostó por SAS. Además parte del buen funcionamiento se lo deben a Pretium herramienta que funciona bajo SAS orientada a los actuarios. No es un producto específico de SAS si no de Towers Wattson y ha permitido a Groupama alcanzar un nivel técnico muy alto. Tienen una de las tarifas mejor estructuradas del mercado.

Lo dicho, desde aquí nos hacemos eco de la noticia y esperamos que sigáis cosechando muchos éxitos con herramientas tan caras. El colmillo siempre tengo que enseñarle sobre todo cuando podrían ahorrarse mucha pasta si me llamaran.

Life Time Value. Los costes de adquisición ideales e irreales

Me acabo de leer este mensaje sobre lo que aporta el Life Time Value. Y me parece demasiado «ideal» en la adquisición de clientes:

http://www.kaushik.net/avinash/2010/04/analytics-tip-calculate-ltv-customer-lifetime-value.html

Precisamente porque el calculo del LTV no duplica los costes de adquisición. Esta frase: You’ll do most of this type of analysis via your ERP / customer data storage system / financial data warehouse Lleva detras una serie de gastos que
NUNCA estan bien calculados. Además los clientes valiosos son los mismos para todos y todos lo saben y captarlos implica menor beneficio. No se tienen en cuenta muchos detalles.

Comparativa de Precio: WPS vs. SAS

Tenía pendiente comparar el precio entre SAS y WPS. La consultora MineQuest ya lo ha hecho por mi. Y ha dejado el resultado plasmado en este documento. En fin, cada cual que saque sus propias conclusiones. Con lo que se puede ahorrar en licencias se puede llamar a Datanalytics (por ejemplo), implantaría la herramienta y podría hacer una auditoría y optimización de los procesos empleados, eso si Carlos no está en Sebastopol o más lejos.

Por cierto, a los compañeros de WPS: ¡¡Please, send me a new license!!

Sigo migrando de SAS a WPS

Sigo con una hipotética migración de SAS a WPS. Fundamental, ¿qué sucede cuando leo tablas SAS? ¿Puedo leerlas, al fin y al cabo son propietarias? Ningún problema, podemos leer perfectamente tablas SAS. Si trabajamos en una librería con tablas SAS los ficheros generados serán .sas7bdat sin embargo si trabajamos en una librería sin tablas SAS los archivos generados serán .wpd; esto nos facilita trabajar conjuntamente con  WPS y SAS, esto nos facilita una hipotética migración de aplicaciones. Curiosamente una tabla .wpd es ligeramente más pequeña. Por supuesto compress=yes no es problema y WPS nos permite comprimir tablas.

Uno de los procedimientos más habituales con SAS es el PROC SORT. En SAS las ordenaciones requieren en espacio 2,5veces el tamaño del  fichero a ordenar si no utilizamos la opción tagsort. Esta opción nos permite optimizar el espacio ocupado, no facilita que la ordenación sea más rápida, como piensa mi amiga Sonia, lo que nos permite es que necesitemos aproximadamente 1,5 veces el tamaño de la tabla a ordenar. Fichero aleatorio de 79 MB, PROC SORT y analizamos el crecimiento de los ficheros temporales de la librería work. WPS ha generado 2 temporales de 42 MB y uno de 45 MB. Parece que las ordenaciones ocupan menos espacio. Punto a favor de WPS. En cuanto a la velocidad, imposible comparar porque SAS es muy caro y no estoy dispuesto a pagar su licencia.

Otra cosa que se me ha ocurrido es realizar n pequeño análisis univariante con graficos y demás. Quiero generar un html vía ods y no tengo prolemas. Si obtengo un error cuando no genero en mi pc la salida, si esta salida la dejo como parte de mi proyecto tengo un problema con java. Parece que el error no es importante, pero de momento no he podido solucionarlo. El reporting puede ser un punto flojo de WPS pero sed sinceros ¿quién emplea SAS como herramienta de reporting? ¿Y la realización de gráficos con SAS?

Acercamiento a WPS. Migrando desde SAS

Poco a poco comienzo a trabajar con el clónico de SAS WPS. Estoy trabajando con la versión 2.3.5. De momento las impresiones no pueden ser mejores. El interfaz me recuerda a Enterprise Guide, trabajamos con proyectos que pueden estar compuestos de scripts (códigos de SAS) o ficheros. En cuanto al interfaz tenemos un navegador de proyectos para explorar los elementos que añadimos. Acompaña a este explorador una ventana de propiedades del proyecto. En la parte central podemos ver los scripts o los ficheros que añadimos. Me ha gustado el poder linkar los ficheros añadidos  al proyecto a la aplicación del sistema asociada al fichero, me explico, si añades una hoja de cálculo ésta se abre en el proyecto de WPS con el programa asociado a ella. Otra de las ventanas está organizada en pestañas, una de ellas dispone del log y los resultados, otra un «server explorer» similar al explorador de SAS Base y una pestaña de progreso. Por último disponemos de otro navegador de procedimientos, resultados o log de ejecuciones al que particularmente no le encuentro mucho interés.

Al lío, en mi trabajo diario me pondría a picar código SAS y echo en falta algunas funciones  (perfectamente prescindibles). El PROC SQL funciona a la perfección. Ya sabéis que sin el PROC SQL no somos nadie con SAS (sobre todo yo). Al final programas como lo haces habitualmente en Enterprise Guide, me costaría muy poco migrar mis proyectos de Guide o mi codigos de SAS a WPS. Al no disponer de SAS no puedo comparar en tiempos las ejecuciones. Lo primero que se me ocurre es generar una «tablita» con 20 millones de registros en una libreria de mi PC. Las tablas se guardan con extension WPD no sé si son «tablas propietarias» o se pueden utilizar con otras herramientas, si me entero ya os diré. De momento no tenemos problemas con tablas de 800 MB. En una hora curioseando lo que más me gusta es el interfaz y la posibilidad de abrir archivos hojas de calculo desde el proyecto de WPS. De este modo me cuesta bien poco mantener una tabla de dimensiones. A la hora de importar ficheros de otro tipo veo que la gente de World Programing Software no me dejan evaluar el equivalente al modulo ACCESS TO PC FILES de SAS. No es mayor problema porque desde el mismo proyecto preparo el fichero para realizar la importación pero echo de menos un asistente. Con SAS desarrollé una metodología para importar ficheros de texto que me ha dado muy buenos resultados. Para la importación de archivos recomendaría tener UltraEdit y generar los input manualmente.

A simple vista me costaría muy poco migrar mis procesos de SAS a WPS y ahorraría a mi organización bastante dinero. Los códigos que se denominan scripts se almacenan con extension .sas y %include funciona a la perfección (menos problemas para una hipotética migración) También hay que destacar que no hemos probado el acceso a datos en Oracle ni las posibilidades estadisticas de este clónico. Pero en este primer acercamiento me ha dejado buen sabor de boca aunque de momento solo me estoy familiarizando con la herramienta. No esperaba que WPS fuera maravilloso pero me está costando muy poco sacarle partido.

Pocos euros de gasto en formación. Pocos euros de gasto en la herramienta. Pocos recursos en la migración (creo). En el primer año saldría rentable el cambio de herramienta. A no ser de tuvieramos un entorno SAS con gestor de campañas (si funciona) o una dependencia del Enterprise Guide o Miner; también es posible que no nos fiáramos del futuro de WPS pero siempre podríamos volver a SAS. Me parece que se puede acabar un monopolio. Seguiré informando.

Una fabulilla (sobre PRIM) con múltiples moralejas

–Érase una vez un banco…
–¿Me cuenta Vd. un cuento?
–Mismamente, señora.
–¿Quiérese, pues, decir que cuanto Vd. relate es pura ficción, no pareciéndose ni las personas (físicas o jurídicas) ni los lances de su aún inaudita historia a personas (físicas o jurídicas, respectivamente) y lances reales, casualidades éstas que pudieran derivar, según la naturaleza de su exposición, en responsabilidades legales, políticas o de otra imprevisible índole y gravedad?
–Considere para la totalidad de los efectos mi respuesta afirmativa a su más que retórica pregunta, un, como gusta decir a los eruditos en la materia, solemnísimo disclaimer.
–Prosiga entonces, que lo escucho con asombrado interés.
–Con su venia, señora. Érase pues un banco…
–¿Banco, caja de ahorros o sucursal de una entidad de crédito foránea?
–No entre en distingos, señora, que me echa a perder el disclaimer. Digamos que banco y sigamos adelante.
–Ea pues… y disculpe.
–Tal banco (aunque, para el caso, bien pudiera haber sido una caja de ahorros o, como bien puntualizaba, la sucursal de una entidad de crédito extranjera) tenía clientes que usaban tarjetas de crédito y débito para sus habituales fines. Cada que la usaban para comprar en un comercio o similar, la tal entidad se quedaba un cacho. Pero cuando sacaban con ella dinero de un cajero, la entidad debía abonar un pico.
–¿Y no cobraban las tan habituales comisiones?
–No, dado que sus fines eran benéficos para con sus depositantes.
–Permítame, si no le importa, anotar en mi PDA (o papel de apuntar) esto que me participa como ejemplo sin parangón de oxímoron.
–Tómese su tiempo y guárdelo en el sostén, que ahí quedará calentito, al socaire de las inclemencias del invierno mesetario y no se le traspapelará.
–Mullidamente archivado queda. Prosiga.
–Pues la tal benéfica institución financiera (me complazco, como ve, en reiterar la tan atinadamente identificada figura literaria) no sólo quería ganarse el cielo al que aspiran, cuando fenecen, las personas jurídicas sino que, además, no siendo tonta, quería retrasar el tránsito hasta el ulterioriorísimo de los anaqueles.
–Para lo que, sospecho, hay que facturar pasta gansa.
–No se le escapa una, señora. Efectivamente, a facturar y no ser facturada aspiraba.
–Como las no tan benéficas, ¿verdad?
–Como tales, mas con una no pequeña salvedad. En lugar de azuzar (incentivar, dicen ahora los pedagogos de nueva generación) a sus clientes mediante la introducción de siempre jugosas comisiones para que desdeñasen los cajeros, quisieron proceder de otra manera.
–Me intriga Vd. Soy toda orejas. ¿Qué novedoso plan urdieron?
–Pues plantearon el cultivar de alguna manera esas inercias a las que tan dados somos los homínidos superiores cuando menos gala hacemos de nuestro manido epíteto de racionales. No sé si me explico o si, por lo contrario, he dejado los conceptos como colgando y revoloteando en el sutil aire.
–Muy bien no se explica, pero le adivino la intención: zanahoria y no palo. ¿Es así?
–Equilicuá.
–Y eso, ¿cómo se hace?
–Hay maneras.
–¿Cuáles?
–Ahí llegaremos. Lo relevante del punto es que no las conocían.
–¿Entonces?
–Llamaron por teléfono.
–Ay, Dios mío, esto se acelera: abandonamos el planteamiento, nos adentramos precipitadamente en el nudo y preveo un galopante desenlace no apto para cardíacos y epilépticos (tales como mi difunto).
–Tranquilícese, señora, que no le va en ello el pan y hágase cargo que me escucha por falta de otro más simpático entretenimiento.
–¿A quién llamaron? ¡Dígame sin asomo de demora!
–A unos señores que entraron en el mundo de la consultoría como el uno y el dos en el país de los ceros.
–¿Para medrar y hacer dinero?
–Bien conoce Vd. el fabulario español.
–Aquí donde me ve, cursé bachillerato con aplicación y provecho.
–Eso la honra: quedan ya pocas como Vd.
–Y, dígame, ¿se parecían más al uno o al dos?
–En su estilo y, salvando las distancias, eran pura raíz de cuatro.
–Me hago cargo. ¿Y qué hicieron?
–No se lo puedo contar.
–¿Me va a dejar así, toda ganosa?
–Si me deja sobarle la PDA, puede.
–¿En la Renfe y cabe impúberes? No hay trato.
–¿Ve?
–¿Entonces?
–Le hablaré de PRIM.
–¿El de Reus?
–No, ése es Prim. Fíjese que yo he usado mayúsculas por doquier.
–Ya decía yo. Ya nadie se acuerda del general.
–Es que metió a los borbones en el tren de Irún.
–¡Falta aún hacen gentes de su temple y calibre!
–¿Sabe, ya que lo menciona, que tiene calle en el DF?
–¿Donde las putillas?
–¿Putillas? Verdaderos putones verbeneros. Pero, eso sí, aseadas: se asperjan el chumino con ladillol. Y algo de inglés hablan.
–Es de ley, teniendo la embajada de los Estados Unidos de Norteamérica a tiro de piedra.
–¿Conoce Vd.? Me sorprende.
–¡Mundo tuve! Atropellaron tanto gringo rijoso cruzando Reforma que tuvieron que poner un semáforo.
–Nos aleja tanto circunloquio del meollo de nuestra conversa. Déjeme hablarle de PRIM con mayúsculas por doquier, que del otro ya se ocuparon a trabucazos y no hay remedio.
–Siga pues. ¿Quién es ese otro PRIM?
–No es un quién sino un cómo. PRIM quiere decir Patient Rule Induction Method
–Madre mía, ¡en inglés y !
–Es que nació a medio camino de Stanford, que fue México y ahora no, y Australia. Y algún nombre había que ponerle.
–¿Y cuál es su naturaleza o condición?
–Pues verá: se trata de un algoritmo (palabra de origen árabe, para que luego digan y maldigan) de minería de datos que permite encontrar zonas del espacio muestral donde una variable objetivo tiene un comportamiento singular y sobresaliente respecto a la media.
–Su cuento está cada vez menos claro y tendrá que dignarse a ofrecerme un ejemplo meridiano.
–Para eso comencé mi historia hablándole de bancos y tarjetas. Digamos que tal banco tiene x clientes y asociadas a cada uno de ellos, tropecientasmil variables (edad, ingresos anuales, dirección, cuotas satisfechas a la Real Asociación Colombófila de la Alpujarra, etc.). Por otro lado, una variable que mide en qué grado usa, por decir algo, su tarjeta de crédito…
–Lo sigo con más interés que aprovechamiento y más perplejidad que ninguna de las anteriores…
–Pues verá, mete todas esas variables a un ordenador, así, tal cual, sin mayores contemplaciones, pulsa el pley, se toma unas cañas, regresa… ¿y qué se encuentra?
–¡Ay, qué emoción…! ¿Qué? Dígamelo, que me reconcome la intriga…
–Pues se encuentra unos hiperrrectangulillos.
–¡Nunca lo hubiese imaginado! ¿De qué pasta y hechura son los tales?
–No tienen pasta ni hechura: los hiperrectangulillos son, hablando de manera más vecina al común entender, grupos de clientes que, por una parte, son similares respecto a ciertas variables descriptivas y, por la otra, tienen un comportamiento homogéneo en cuanto a la medida objetivo, siendo ésta, a su vez, muy distinta de la media.
–Sigo sin verlo claro.
–A ver, imagine que la tal variable objetivo es el ratio o cociente entre el dinero que sacan los clientes de los cajeros y la suma de sus compras con tarjeta…
–Eh…
–Es decir, pintamos una rayica (que significa dividir), ponemos arriba la plata del cajero y abajo lo que paga con la tarjetica. Y nos fijamos en si pesa más lo de arriba que lo de abajo.
–Claro, ahora me apercibo: lo de arriba son liabilitis y lo de abajo, asets
–¡Me sorprende Vd.! Gasta un spanglish tan cacofónico como impreciso. ¡Y sin saber de lo que habla, como si fuese toda una consultora yunior con ambiciones!
Desespabilada que es una. Y sin hacer la mili, ¡fíjese!
–No es enteramente así, pero como si lo fuese. En resumen, si el cocientico es alto, el cliente es un pesado que le hace agujeros al banco (o caja de ahorros…). Si es bajo, lo contrario; y al cliente habría que darle besos en la frente.
–Cargo me hago.
–Entonces, un hiperrectangulillo contiene, pongamos por caso, a clientes de lo que otrora fue el Reino de Aragón, que ganan menos de 100.000 pesetillas al mes, que viven en casa alquilada y no tienen churrumbeles. Y resulta que éstos son, de entre los pesados, los que más.
–¡Menuda cuadrilla! Seguro que Botín los ponía tiesos a comisiones.
–Puf, ése (note que acentúo según la gramática vieja) les mandaba los sicilianos a casa…
–Bueno, ¿y qué hace un banco (o caja…) benéfico con tal hiperrectangulillo?
–Vaya por orden y no queme etapas en falso, que el diablo se nutre de ambigüedades: los consultores dan al pley, sacan los rectangulillos, los imprimen en cuartillas, clavan éstas con chinchetas en una corchera y luego, en peticomité, junto con los resabidillos del banco acuerdan qué hacer con los sujetos que contiene cada uno.
–¡A los mañicos de su ejemplo les podían rifar unos botes de malocotón en almíbar si usaban menos el cajero!
–Ahí tiene Vd. toda la razón del mundo y me quita las palabras de la boca y las ideas de las intrincadas convoluciones frontales de mi cerebro. Pero bueno, tampoco me enfado con Vd. porque con lo que iba a ilustrarla es todo viejo y reconocido de casi todos: conoce, primero, a tus clientes (y ayúdate de PRIM para tal fin) y, después, mira a ver qué haces con ellos (la rifa de los que Vd. llama malocotones es una estupenda idea propia de un avezado mercadólogo).
–¿No me diga que en la tal entindad bancaria (o…) no procedieron de tal guisa?
–Podría decirle si no fuese porque Cide Hamete Benengelí, de cuyos desorganizados papeles aprendí el cuentecillo que le relato, llegado al punto que contestaba su pregunta, derramó café sobre el legajo y se corrió la tinta. Es como si yo le contestase con la boca llena de polvorones: oiría ruido, se le llenaría el escote de migas, pero no se enteraría de nada. Además, gana Vd. con eso que, de confesarle la verdad, luego habría de matarla para que no divulgase el secreto.
–Mejor, pues, permanecer sumida en la contumaz ignorancia. Pero, dígame, eso de PRIM, siendo cosa tan fina, ¿cómo es que no se conoce más y mejor y se aplica con más diligencia y oportunidad? ¿Es acaso una de esas teorías…?
–¿Teoría? Es teoría y praxis, señora. Una praxis la mar de práctica. Tanto que puede descargársela a su computadora sin aflojar un ochavo.
–Y usarse, ¿se usa?
–¡Y tanto! Allá en París…
–¡Tierra de masones! No me vale ejemplo alguno allende los Pirineos. ¡En París! Lo que no es tradición…
–Pues sí, señora, sí, en París hay una empresa que gana dinero a espuertas con una variante de PRIM.
–Y Vd. que parece tan gabachuzo, ¿por qué no se va con viento fresco a trabajar con ellos?
–No me tiente, señora, no me tiente ni me salga con carpetovenicidades extemporáneas, que me lío la manta a la cabeza… ¡No estoy de humor!
–Tampoco se me ponga así… Disculpe, pero es que cuando me acuerdo de lo que les hicieron a Daoiz y Velarde me hierve la sangre… ¡Y eso que han pasado ya 201 años y pico de aquello!
–Dispensada… y, ¿por dónde íbamos?
–No me acuerdo, pero déjeme que le haga una pregunta: si la cosa es tan buena, ¿por qué no se la conoce más?
–Por lo de siempre: la idea está encriptada.
–¿Encriptada?
–Sí, en párrafos llenos de texto y en inglés.
–¿Sólo se encuentra en ese enlace?
–¡Qué va! De hecho, la idea aparece explicada de manera sustancialmente más accesible en la biblia de la minería de datos. Pero igualmente encriptada por el mismo y arcano procedimiento.
–¿Llama Vd. encriptar a escribir de manera ordenada y lógica?
–¿Con letras? Sí. La gente ya ha perdido la capacidad de leer texto y le abruma el negro sobre el blanco. Si quiere que algo no se se sepa, escríbalo con buena sintaxis, cuidada ortografía y lógicamente riguroso discurso.
–Vd., tan avanzado en unas cosas, parece un carca en otras.
–¡Qué va! El lenguaje escrito es cada día más ideográfico. Volvemos a los alfabetos egipcio y chino (pero con colorines). ¿No se da cuenta?
–No me había apercibido, pero si Vd. lo cree así… ¡será!
–Y eso que el nuestro fue ideográfico en sus orígenes, ¿sabía? El progreso mal entendido cela corrientes regresivas…
–¡Ni que siguiese Vd. a Donoso Cortés en tuiter!
–¿Sabía Vd. que la letra A representaba una vaca?
–No tenía conocimiento.
–¿Se lo demuestro?
–Venga, ¿cómo?
–Haga el pino y yo profiero la A mayúscula.
–¿A la de tres?
–A la de tres: uno…, dos…, ¡tres! AAAAAAAAA
–Ya.
–¿La ha oído boca abajo?
–Talmente. Igualica que una res. ¡Alberga Vd. saberes güikipédicos!
–Y Vd. tiene las enaguas hechas un zarrio.
–Es la crisis. Y Vd., poco cababallero, por mirar.
–Pues sepa Vd. que cada civilización giró la susodicha letra noventa grados hasta que la dejó boca abajo, como colgada de una viga.
–Esta digresión erudita nos aleja del meollo de su fabulita, ¿sabe?
–Convengo, pero en su esencia, moralejas y todo, la doy por finiquitada. ¿Cree que le aportará provecho?
–No lo descarto, aunque su natural campo de aplicación resulta, cuando más, tangencial a mis domésticos y consuetudinarios quehaceres.
–Ya siento haberle dado la chapa, pero, o participaba mi fabulilla o me ésta me reconcomía por los adentros.
–No se me ponga así. ¿Quiere medio clines?
–No es para tanto; además, he de apearme: veo acercarse un revisor.
–¿Viaja sin billete?
–Es norma de la empresa: por recortar gastos, no paga el kilometraje.
–Entiendo.
–Tenga Vd. buen día.
–Igualmente, fue un placer.